Con
una buena forma física se puede soportar mejor el esfuerzo
que comporta la vida diaria. Incluir en la actividad diaria la práctica regular de ejercicio
físico permitirá mejorar la salud y la resistencia
físicia.
Como
norma básica, para empezar, siempre
deberemos empezar con ejercicios de estiramiento sencillos y una
actividad aeróbica suave, como la natación. Si realmente
se desea mejorar la forma física en general, además
de hacer ejercicio, se deberá cuidar la dieta, dejar de fumar
y evitar el consumo de alcohol. Con la práctica de un deporte
no se lograrán grandes cambios en la constitución
corporal, pero sí puede ayudar a mejorar la forma física
y el estado de salud en general.
Si
se quiere mejorar la forma física hay tres aspectos a tenerse
en cuenta a la hora de hacer ejercicio físico:
la capacidad aeróbica, el tono muscular y la flexibilidad.
1-
BUENA FORMA AERÓBICA:
Una
manera rápida de determinar la forma aeróbica es subir
unas escaleras y comprobar si al llegar al final se tiene dificultad
para controlar el ritmo de la respiración; y es que la buena
forma aeróbica está directamente relacionada con la
eficiencia con que el cuerpo toma, distribuye y utiliza el oxígeno.
Desde el punto de vista fisiológico, aeróbico significa
<<con presencia de oxígeno>>.
Las
personas con buena forma aeróbica pueden correr, andar y
nadar durante periodos más largos, con menos signos de cansancio
y un mejor control de la respiración.
La
forma aeróbica se mejora mediante el ejercicio aeróbico:
toda actividad rítmica continuada que utiliza diversos grupos
musculares y requiere el dominio de la correcta respiración.
Las
diversas formas de deportes aeróbicos se clasifican según
el nivel de impacto: bajo, medio o alto. Por impacto nos referimos
a la presión que soportan las articulaciones al practicarlo.
Así, nadar y caminar son actividades de bajo impacto, mientras
que correr o hacer jogging se consideran de alto impacto.
2-
BUEN TONO MUSCULAR:
El
tono muscular está relacionado con la fuerza que los músculos
pueden ejercer. En términos fisiológicos, la fuerza
se define como la potencia máxima que se puede alcanzar cuando
se realiza voluntariamente una contracción muscular aislada.
La
forma más habitual de lograr un buen tono muscular consiste
en sobrecargar los músculos y cansarlos paulatinamente con
una serie de movimientos sucesivos, lo que se conoce como <<repeticiones>>.
La sobrecarga se puede lograr levantando pesas o empujando algún
elemento o mecanismo que oponga resistencia.
Los
ejercicios que trabajan el tono muscular son generalmente anaeróbicos,
es decir que, al contrario de los ejercicios aeróbicos, no
utilizan el oxígeno.
Muchas
personas se sienten fuertes y vigorosas al tener un buen tono muscular.
Una de las razones por las que las personas ganan peso con la edad
es que pierden masa muscular y almacenan grasa. Cuanto más
se consiga desarrollar la musculatura, más alto será
el ritmo metabólico en reposo y más grasa quemará.
Se
debe trabajar todas las partes del cuerpo, ejercitando cada grupo
muscular. Las posturas incorrectas y la falta de descanso de los
músculos entre cada entrenamiento puede causar lesiones.
3-
FLEXIBILIDAD:
La
flexibilidad o elasticidad es la capacidad del cuerpo para moverse
con toda libertad. Algo con lo que se nace, pero que muy a menudo
suele perderse con la edad. Las
mujeres embarazadas tienen una flexibilidad media superior al resto
de las mujeres porque desarrollan niveles elevados de progesterona,
la hormona que dota a los ligamentos de mayor elasticidad.
La
flexibilidad puede incrementarse practicando ejercicios de estiramiento.
Estirar los músculos los relaja y los alarga,
de manera que se vuelven más elásticos, y se adquiere
una flexibilidad mayor que permitirá realizar una gran variedad
de movimientos con las articulaciones, tendones, músculos
y ligamentos. Los estiramientos dan una mayor sensación de
libertad, y hacen sentirse más ligero.
Los
ejercicios de estiramiento suelen practicarse al realizar el calentamiento
y/o enfriamiento, es decir, antes y después de otra actividad
física. Hay disciplinas orientales, como el yoga, que se
centran a menudo en la flexibilidad y la postura.